Dos artículos recientes confirman los riesgos de la rosiglitazona (Avandia).

Un metanálisis publicado en 2007, sobre 42 ensayos clínicos de 24 semanas o más de duración, reveló un aumento significativo del riesgo de infarto de miocardio con rosiglitazona y un incremento de la mortalidad cardiovascular en el límite de la significación estadística (NEJM 2007;356:2457-71). Estos hallazgos se añadían al riesgo descrito de fracturas asociado al uso de glitazonas. En una actualización de este metanálisis, con 56 ensayos clínicos, se ha observado un aumento significativo del riesgo de infarto de miocardio, pero no de la mortalidad cardiovascular ni de la mortalidad de cualquier causa (Arch Intern Med 2010;28 junio).

En un estudio retrospectivo de cohortes en más de 200.000 pacientes mayores de 65 años, los tratados con rosiglitazona o pioglitazona fueron seguidos hasta 3 años. En comparación con los tratados con pioglitazona, los que recibían rosiglitazona tenían mayor riesgo de ictus, de insuficiencia cardíaca y una mortalidad más elevada (JAMA 2010;304(4)).

Hace unos meses un informe del Comité de finanzas del Senado norteamericano reveló que el laboratorio fabricate de rosiglitazona conocía los posibles riesgos cardiovasculares años antes de que se hicieran públicos y no alertó a los pacientes ni a las autoridades reguladoras (noticia marzo 2010). Estas irregularidades plantean la necesidad de cambios en la regulación de medicamentos (BMJ 2010;340:785-9).

Estos datos confirman la relación beneficio-riesgo desfavorable de la rosiglitazona (Butll Groc 2007;20:13-6). Dado el riesgo de efectos graves a cambio de efectos beneficiosos más que dudosos, no parece justificable que la rosiglitazona siga en el mercado (JAMA 2010;28 de junio).