El tratamiento con antipsicóticos a corto plazo en personas de edad avanzada con demencia se asocia a efectos adversos graves que motivan ingreso o muerte, según un estudio de cohortes reciente (Arch Intern Med 2008;168:1090-96).

Se evaluó a casi 21.000 pacientes mayores de 65 años con demencia no institucionalizados y aproximadamente 21.000 pacientes ingresados en residencias. Durante los 30 días de seguimiento, el riesgo de presentar un acontecimiento grave fue 3,2 veces más alto entre los tratados con un antipsicótico atípico (olanzapina, quetiapina, o risperidona) y 3,8 veces más alto en los tratados con un antipsicótico clásico (haloperidol o loxapina), frente a los no tratados. Los autores señalan que estos fármacos son prescritos con frecuencia a corto plazo para tratar la agitación, sobre todo cuando los pacientes ingresan en una residencia, y que probablemente la prevalencia del problema es más elevada en la práctica.

El aumento del riesgo de ictus asociado la uso de olanzapina y risperidona obligó a replantear la relación beneficio-riesgo de los antipsicóticos atípicos en el tratamiento de los síntomas neuropsiquiátricos en pacientes con demencia (Butll Groc 2004;17:14-15). Algunos estudios posteriores sugieren que los pacientes tratados con antipsicóticos clásicos tienen una mortalidad similar (o incluso superior) a la de los tratados con atípicos y, por tanto, se deben considerar con riesgo similar en pacientes de edad avanzada (CMAJ 2007;176:627-31; Butll Groc 2007;20:10-11; Am J Psychiat 2007;164:1568-76).

Dado que los antipsicóticos pueden producir efectos graves, en pacientes con demencia y síntomas neuropsiquiátricos leves o moderados se recomiendan medidas no farmacológicas (NICE). En cuadros graves de agitación, los antipsicóticos se pueden considerar tras evaluar el riesgo de ictus y las condiciones comórbidas, pero se deben utilizar con precaución, incluso aunque se prescriban durante períodos cortos de tiempo.