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Categoría: Toxicidad
En pacientes de edad avanzada tratados con dabigatrán, el uso de simvastatina o lovastatina no aumenta el riesgo de ictus, pero aumenta el riesgo de hemorragia grave (CMAJ 2016;21 noviembre).

El dabigatrán es un sustrato de la glicoproteína P (gp-P) y su administración concomitante con un inhibidor de este transportador, como amiodarona, ketoconazol o verapamilo, puede aumentar las concentraciones plasmáticas de dabigatrán y el riesgo de hemorragia. Algunos estudios in vitro sugieren que algunas estatinas, como simvastatina o lovastatina, son inhibidores de la gp-P.

Se realizaron dos estudios de casos y controles anidados de base poblacional con pacientes de 66 años o más que habían iniciado tratamiento con dabigatrán entre mayo de 2012 y marzo de 2014. En el primer estudio, los casos eran pacientes con un ictus isquémico, y en el segundo, pacientes con una hemorragia grave. Todos los casos y los controles habían recibido una estatina en los 60 días previos. Entre 45.991 pacientes tratados con dabigatrán, se identificaron 397 casos con un ictus isquémico y 1.117 casos con una hemorragia grave. Tras ajustar por factores de confusión, el uso de simvastatina o lovastatina no aumentó el riesgo de ictus, pero se asoció a un aumento del riesgo de hemorragia grave, en comparación con otras estatinas.

 

Categoría: Toxicidad
El uso de inhibidores de la bomba de protones (IBP) no se asocian a un aumento del riesgo de neumonía comunitaria tras ajustar por el riesgo basal de los pacientes, según sugieren los resultados de un estudio reciente (BMJ 2016;355:i5813).

En algunos metanálisis de estudios oservacionales, el uso de IBP se ha asociado a un incremento del riesgo de neumonía comunitaria (Butll Groc 2016;29;1-4).

En este estudio observacional, se identificó a 160.000 pacientes que habían iniciado tratamiento con un IBP a partir de una base de datos de registros del Reino Unido. Las tasas crudas de neumonía eran más altas en los pacientes tratados con IBP (76 casos por 1.000 años-persona) que en los controles no expuestos (30 casos por 1.000 años-persona). No obstante, en un análisis separado, en el que los pacientes servían como sus propios controles cuando no estaban expuestos a los IBP, la tasa de incidencia de neumonía era más elevada en los 30 días previos a la prescripción de un IBP que en los 30 días después (1,92 y 1,19, respectivamente). En otro análisis, en el que se ajustó por el riesgo de neumonía basal de los pacientes y por cambios en la incidencia de neumonía en el tiempo, el riesgo relativo de neumonía disminuyó al año después de iniciar el IBP.

Los autores concluyen que la asociación entre el uso de IBP y el riesgo de neumonía comunitaria es probable que se deba exclusivamente a factores de confusión. Los pacientes tratados con IBP tienen un riesgo basal de neumonía comunitaria antes de recibir una prescripción de un IBP. Por tanto, las características de los pacientes, su comorbididad y la gravedad de la enfermedad gastroesofágica (reflujo) fueron probablemente los principales factores contributivos del aumento del riesgo.