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Categoría: Toxicidad
El uso de antipsicóticos durante el primer trimestre de la gestación no se asocia a un aumento del riesgo de malformaciones congénitas, según los resultados de un estudio (JAMA Psychiatry 2016; 17 de agosto).

A partir de una base de datos, se estudió a más de 1,3 millones de gestaciones que dieron lugar a nacidos vivos entre el 2000 y el 2010. Se prescribieron antipsicóticos atípicos durante el primer trimestre en un 0,69% de las gestaciones y antipsicóticos típicos en un 0,05% de las gestaciones. Los riesgos absolutos de malformaciones congénitas fueron más altas en las gestaciones expuestas a antipsicóticos atípicos (44,5 por 1.000) y a los típicos (38,2 por 1.000) que en las gestaciones sin exposición durante el primer trimestre (32,7 por 1.000). No obstante, tras ajustar por comorbididades físicas y mentales, los riesgos no eran más altos con el tratamiento. En un subanálisis, la risperidona se asoció a un pequeño incremento del riesgo de malformaciones, aunque los mismos autores comentan que debe interpretarse con precaución porque no se puede explicar per ningún mecanismo.

Los datos previos que sugerían un riesgo de teratogenia con los antipsicóticos no han sido convincentes y estos resultados son tranquilizadores, aunque hay que considerar el riesgo de trastornos extrapiramidales y de síndrome de retirada neonatal en las mujeres que toman estos fármacos a término (JAMA Psychiatry 2016; 17 de agosto).

 

Categoría: Toxicidad
El tratamiento con análogos del GLP-1 (exenatida, liraglutida y similares) podrían aumentar el riesgo de trastornos de la vesícula y del conducto biliar, según un nuevo estudio (JAMA Intern Med 2016; 1 de agosto).

A partir de bases de datos del Reino Unido, se recogió información sobre unos 71.000 pacientes adultos con diabetes de tipo 2 que habían iniciado tratamiento con uno de los nuevos hipoglucemiantes. Durante un seguimiento medio de 3,2 años, 850 pacientes ingresaron en el hospital por una enfermedad de la vesícula o del conducto biliar. Los pacientes tratados con análogos del GLP-1 tenían más riesgo de trastornos biliares (6,1 por 1.000 años-persona), en comparación con los tratados con al menos dos hipoglucemiantes orales (3,3 por 1.000 años-persona). El uso de inhibidores de la DPP-4 no se asoció a un aumento del riesgo. Se ha sugerido que el GLP-1 estimularía la actividad de las células de los conductos biliares, y ha generado preocupación por los posibles efectos adversos (JAMA Intern Med 2016; 1 de agosto).