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Categoría: Toxicidad
El uso de pioglitazona no parece aumentar el riesgo de cáncer de vejiga, pero podría incrementar el riesgo de otras neoplasias, según los resultados de un estudio prospectivo (JAMA; 2015;314(3):265-277).

El uso de pioglitazona se ha relacionado con un aumento del riesgo de cáncer de vejiga. En el ensayo PROactive se observó un aumento no significativo del número de neoplasias de vejiga entre los pacientes tratados, aunque un reanálisis posterior reveló que la diferencia era significativa. En 2011 se anunció la suspensión de comercialización de la pioglitazona en Francia, y en 2012 varios estudios y un metanálisis de ensayos clínicos y de estudios observacionales sugirieron un aumento del riesgo de cáncer de vejiga en pacientes diabéticos tratados con pioglitazona (noticia octubre 2012).

Se ha publicado un estudio a partir de un análisis de cohortes con 193.099 pacientes con cáncer de vejiga y de 464 casos y 464 controles para evaluar la relación entre el uso de pioglitazona y el riesgo de cáncer de vejiga, y de otra cohorte de 236.507 pacientes para evaluar el riesgo de otras 10 neoplasias. Durante el seguimiento de unos 7 años, la incidencia de cáncer de vejiga fue más elevada en pacientes que habían recibido pioglitazona que en los no tratados (89,8 y 75,9 por 100.000 años-persona, respectivamente), pero la diferencia no era significativa tras ajustar por factores de confusión. En comparación con la no utilización, el uso de pioglitazona se asoció a un aumento del riesgo de cáncer de próstata (453,3 y 449,3 por 100.000 años-persona, respectivamente) y de cáncer pancreático (81,1 i 48,4 años-persona, respectivamente). No se observó asociación con otras ocho tipos de neoplasias evaluadas.

A pesar de estos resultados, no se puede excluir un pequeño incremento del riesgo de cáncer de vejiga con el uso de pioglitazona, y se debería confirmar el exceso de riesgo de cáncer pancreático y de próstata en otros estudios (JAMA 2015;314(3):233-34).

 

Categoría: Toxicidad
El uso concomitante de antidepresivos y AINE puede aumentar el riesgo de hemorragia intracraneal, según los resultados de un estudio retrospectivo (BMJ 2015;351:h3517).

Dado que tanto los AINE como los antidepresivos, sobre todo los ISRS, pueden aumentar el riesgo de hemorragia anormal, a partir de la base de datos del sistema nacional de salud de Corea se evaluaron los ingresos hospitalarios y las prescripciones de más de 4 millones de pacientes que habían recibido antidepresivos por primera vez entre 2009 y 2013.

Los pacientes que habían recibido un antidepresivo y un AINE a la vez tenían más riesgo de hemorragia intracraneal en los 30 días siguientes al inicio del tratamiento combinado, en comparación con el tratamiento antidepresivo solo (5,7 frente a 1,6 acontecimientos por 1.000 años-persona).

Quedan cuestiones por resolver, como el riesgo de hemorragia intracraneal asociado a estos fármacos por separado, los riesgos a largo plazo del tratamiento combinado, o la extrapolación de los resultados a otras poblaciones. A pesar de las limitaciones del estudio, estos hallazgos son preocupantes, porque las situaciones que requieren un AINE y un antipdepresivo son muy frecuentes. Por tanto, hay que extremar las precauciones y la vigilancia cuando se prescriben ambos grupos de fármacos de manera concomitante (BMJ 2015;351:h3745).

 

Categoría: Eficacia
Tras un primer episodio de tromboembolismo pulmonar (TEP) no provocado, los pacientes en tratamiento anticoagulante oral prolongado tienen menos recurrencias, pero sólo mientras se mantiene el tratamiento anticoagulante, según los resultados de un ensayo clínico (JAMA 2015;314:31-40).

La duración del tratamiento anticoagulante del tromboembolismo venoso es controvertida, porque no se dispone de herramientas fiables para la valoración individual del riesgo de recurrencia. Se ha sugerido que la determinación de los niveles de D-dímero al mes de finalizar la anticoagulación podría ser útil para decidir ampliar el período de tratamiento anticoagulante en pacientes de bajo riesgo hemorrágico. Los resultados de un estudio reciente sugieren que para la mayoría de pacientes, un D-dímer negativo tras suspender la anticoagulación no confiere un riesgo bastante bajo para apoyar suspender la anticoagulación (noticia enero 2015).

En este ensayo, 371 pacientes que habían sufrido un primer episodio de TEP sin una causa evidente y que habían tomado un anticoagulante antagonista de la vitamina K durante 6 meses fueron aleatorizados a recibir warfarina o bien placebo durante 18 meses. Durante el período de tratamiento, la variable principal combinada de tromboembolismo recurrente o hemorragia grave fue significativamente menor en el grupo tratado con warfarina (3,3%) que con placebo (13,5%). Durante el período completo de seguimiento de 42 meses, sin embargo, no se observaron diferencias significativas entre los dos grupos (21% con warfarina y 24% con placebo).