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Categoría: Toxicidad
En pacientes tratados con antitrombóticos tras un infarto de miocardio, el uso de AINE se asocia a un aumento del riesgo de hemorragia y de acontecimientos trombóticos, incluso después de un tratamiento a corto plazo, según los resultados de un estudio danés (JAMA 2015;313:805-14).

A partir de datos de registros nacionales daneses, se evaluaron 61.971 pacientes con un primer infarto de miocardio, un tercio de los cuales recibieron una prescripción de un AINE después del alta. Los pacientes tratados con un AINE presentaron el doble de acontecimientos hemorrágicos (4,2 por 100 años-persona) que los no tratados (2,2 por 100 años-persona). Las tasas de acontecimientos cardiovasculares también fueron más elevadas (de 11,2 y de 8,3, respectivamente). En concreto, los tratados con dos antiagregantes (ácido acetilsalicílico y clopidogrel) tenían 3,3 acontecimientos hemorrágicos por 100 años-persona; la adición de un AINE aumenta este riesgo a 7,6 acontecimientos por 100 años-persona. El aumento del riesgo de hemorragia y de morbididad cardiovascular era evidente con el uso concomitante de AINE, independientemente del tratamiento antitrombótico, el tipo de AINE y la duración de uso. Los autores señalan que, aunque las guías no lo recomiendan, el uso de AINE en pacientes con una cardiopatía establecida es frecuente.

Según el editorial acompañante, con los datos disponibles, es prudente evitar el uso de AINE en pacientes con enfermedad cardiovascular (excepto el ácido acetilsalicílico a dosis bajas), sobre todo en pacientes con un síndrome coronario agudo reciente (JAMA 2015;313:801-02).

 

Categoría: Toxicidad
Como cada año, la Revista Prescrire hace una recopilación de los medicamentos evaluados en los últimos cinco años con una relación beneficio-riesgo que considera desfavorable (Rev Prescrire 2015;35:144-51). Se incluyen y comentan algunos antineoplásicos, como el panitumumab en el cáncer colorrectal metastásico o el vandetanib en el cáncer medular de tiroides, el aliskireno y la ivabradina en cardiología, las gliptinas en la diabetes, o el denosumab y el ranelato de estroncio en la osteoporosis, entre muchos otros.

Además, más de la mitad de los nuevos medicamentos o de las nuevas indicaciones no suponen un avance terapéutico (Rev Prescrire 2015;35:132-36). Hay que reorientar la investigación clínica a las necesidades de los pacientes y fortalecer una farmacovigilancia independiente.