Los agonistas dopaminérgicos, utilizados en la enfermedad de Parkinson, la hiperprolactinemia o el síndrome de las piernas inquietas, se asocian a un aumento del riesgo de trastornos del control de la impulsividad, según un estudio reciente (JAMA Intern Med 2014; 20 octubre).

Tras analizar los acontecimientos adversos notificados a la FDA desde 2003 hasta el 2012, se identificaron casi 1.600 casos de trastornos del control de impulsividad, incluido el juego patológico, la hipersexualidad y la compra compulsiva. Un 45% (710) de los casos se asociaron a agonistas dopaminérgicos y 870 con otros fármacos. El riesgo era más elevado con pramipexol (456 veces) y con ropinirol (153 veces), con una afinidad sobre todo por el receptor dopaminérgico D3.

En las fichas técnicas del pramipexol y del ropinirol se advierte de este riesgo y recomiendan informar a los pacientes tratados con estos fármacos i vigilar de manera regular estas conductas (JAMA Intern Med 2014; 20 octubre).