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Categoría: Toxicidad
El tratamiento prolongado con rosiglitazona o pioglitazona se asocia a un aumento del riesgo de cáncer de vejiga, según los resultados de un estudi retrospectivo (J Natl cancer Inst 2012;104:1411-21).

En varios estudios, la pioglitazona se ha asociado a un aumento del riesgo de neoplasias de vejiga (Noticia Julio 2012). En un estudio retrospectivo a partir de una base de datos inglesa se comparó la incidencia de cáncer de vejiga en 18.000 usuarios de glitazonas (pioglitazona y rosiglitazona) y 41.000 usuarios de sulfonilureas. El seguimiento medio fue de 3 años, pero en un 25% éste fue de más de 5 años. En conjunto, se diagnosticaron 197 neoplasias de vejiga (un caso por 300 pacientes). Tras ajustar por posibles factores de confusión, el riesgo de cáncer de vejiga fue significativamente más elevado después de 5 años de uso de gitazonas (HR de 3,42 en los tratados durante 5 años, en comparación con los tratados durante menos de un año). Además, el tratamiento durante 5 años o más con glitazonas se asoció a una incidencia más elevada de cáncer de vejiga que en los tratados durante 5 años o más con una sulfonilurea (HR de 2,53); con duraciones más cortas de tratamiento, la incidencia era similar entre el grupo de glitazonas y el de sulfonilureas. Los riesgos asociados a la pioglitazona y a la rosiglitazona fueron similares.

Aunque el riesgo de cáncer de vejiga asociado a las glitazonas procede sobre todo de estudios observacionales, un nuevo estudio confirma estos hallazgos. El mecanismo no es conocido del todo, pero se ha sugerido que los agonistas del PPAR- (el receptor de les glitazonas), podrían alterar la diferenciación y la profliferación celular. Dados este y otros efectos adversos, las glitazonas no se consideran de elección para el tratamiento de la diabetes.

 

Categoría: Toxicidad
El uso de benzodiacepinas se asocia a un aumento del riesgo de demencia, según un estudio francés (BMJ 2012;345:e6231).

En un estudio prospectivo de base poblacional se incluyeron 1.063 personas de edad avanzada sin demencia que viven en la comunidad, un 9% de las cuales eran consideradas nuevas usuarias de benzodiacepinas, es decir, que habían iniciado el tratamiento al menos el tercer año de seguimiento.

Durante los 15 años siguientes, se diagnosticaron 253 casos incidentes de demencia. El diagnóstico de demencia fue más frecuente entre los nuevos tratados con benzodiacepinas (32%) que entre los no usuarios (23%). Tras ajustar por factores de confusión, como la edad, diabetes y depresión, los nuevos usuarios de benzodiacepinas tenían un 60% más de riesgo de demencia. En un análisis complementario de casos y controles se observó un riesgo similar. Los autores concluyen que dados los posibles efectos adversos de las benzodiacepinas en la población general, se debería advertir contra su amplio uso indiscriminado. Además, el uso de benzodiacepinas no necesariamente es un marcador de otras condiciones relacionadas con la demencia, como la ansiedad.