Hace cuarenta años la revista NEJM publicó un artículo sobre la asociación entre la exposición in útero al estrógeno sintético dietilestilbestrol (DES) y el desarrollo de un adenocarcinoma poco frecuente de vagina en chicas de 15 a 22 años (NEJM 1971;284:878-81). Un artículo en la misma revista invita a la reflexión sobre las lecciones aprendidas de la historia del DES y la importancia de los registros cuando se advierte una enfermedad “nueva” (NEJM 2011;20 de abril).

La identificación de una exposición in útero que causaba alteraciones en la estructura anatómica e histológica del aparato genital de la mujer, infertilidad y transformación maligna ha cambiado el pensamiento médico, tanto sobre el desarrollo embriológico del aparato genital, como sobre el mecanismo de la carcinogénesis. Las alteraciones endocrinas pueden causar trastornos en el tracto reproductivo que tienen consecuencias graves y constituyen la base de la enfermedad en adultos décadas más tarde.

Es muy difícil reconocer un teratógeno consecuencia de una exposición prenatal cuando la malformación no se manifiesta hasta 20 años después. Persisten preguntas sin respuesta sobre la cohorte de las hijas expuestas al DES: ¿Se encuentran otros problemas de salud a medida que envejecen? ¿Tienen mayor riesgo de cambios genéticos?

Como concluyen los autores, la historia del DES nos da una lección de humildad; sirve como recordatorio de que aunque la visión estrecha de hoy puede tranquilizarnos de que una intervención es segura, sólo con la sabiduría del tiempo se pueden revelar todas las consecuencias de nuestras acciones.