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Categoría: Toxicidad
Los resultados de un estudio reciente muestran que el sunitinib puede ser cardiotóxico (Lancet 2007;370:2011-19).

El sunitinib es un inhibidor de la tirosina cinasa comercializado para el tratamiento del carcinoma renal avanzado y de los tumores malignos del estroma gastrointestinal (GIST). Con el fin de evaluar la cardiotoxicidad asociado a su uso, se revisó de manera retrospectiva los acontecimientos cardiovasculares en los 75 pacientes con GIST resistentes al imatinib incluidos en un ensayo de fase I/II con sunitinib. Ocho de los 75 pacientes incluidos (11%) y que habían recibido ciclos repetidos de sunitinib presentaron un acontecimiento cardiovascular; en 6 casos se registró insuficiencia cardíaca. Casi la mitad de los pacientes tratados con la dosis autorizada de sunitinib presentó una reducción de la fracción de eyección de por lo menos un 10%, y un 47% presentó hipertensión arterial. Los autores sugieren que la disfunción ventricular izquierda puede ser debida, en parte, a toxicidad miocárdica directa, exacerbada por hipertensión arterial, y es necesario un seguimiento riguroso de los pacientes tratados con el fin de vigilar estos efectos, sobre todo en pacientes con cardiopatía isquémica o con factores de riesgo cardiovascular.

En una noticia anterior comentamos que el imatinib, otro inhibidor de la tirosina cinasa aprobado para el tratamiento de la leucemia mieloide crónica, puede producir disfunción ventricular izquierda e insuficiencia cardíaca. Esta cardiotoxicidad ha sido atribuida a las alteraciones mitocondriales producidas por el fármaco, y se ha sugerido que podría ser un efecto de grupo (Scrip 2006;3178:25).

Estos hallazgos resaltan, una vez más, la necesidad de hacer un seguimiento cuidadoso de los pacientes tratados con los nuevos fármacos (con escasa experiencia de uso, a pesar de los resultados iniciales esperanzadores), así como de las nuevas tecnologías por parte de los sistemas de salud.

 

Categoría: Toxicidad
En una noticia anterior anunciamos que un comité asesor de la FDA había recomendado que no se aprobara el rimonabant en Estados Unidos, porque preocupaban los efectos neupsiquiátricos y el aumento del riesgo de suicidio.

El rimonabant (Acomplia) es un antagonista de los receptores CB1 de los cannabinoides aprobado por la EMEA y comercializado en diversos países como tratamiento adyuvante de la dieta y el ejercicio en pacientes con obesidad o con sobrepeso y algún factor de riesgo (como la diabetes o la dislipemia). En los ensayos clínicos en pacientes obesos, el tratamiento con rimonabant se ha asociado a reducciones modestas del peso (4 a 5 kg al año). Los efectos adversos más frecuentes son psiquiátricos (ansiedad, depresión), neurológicos (vértigo) y digestivos (náusea, diarrea); faltan datos sobre su toxicidad a largo plazo (Drug Ther Bull 2007;45:41-3; Rev Prescrire 2006;26:405-9). Tiene un perfil de efectos adversos diferente al de la sibutramina y el orlistat, pero ninguno de ellos ha mostrado que reduzca la morbimortalidad (BMJ 2007;15 nov).

Los resultados de un metanálisis de los ensayos clínicos, en un total de 4.105 pacientes obesos, sugieren que el rimonabant aumenta el riesgo de efectos adversos psiquiátricos, como ansiedad y depresión (Lancet 2007;370:1706-13). Después de un año de seguimiento, un 3% de los pacientes tratados con rimonabant habían suspendido el tratamiento por trastornos depresivos y un 1% por ansiedad, frente a los del grupo placebo (1,4 y 0,3%). Estos hallazgos son especialmente importantes, porque los trastornos depresivos eran un criterio de exclusión de los ensayos. Según los autores, ante estos datos y la alerta de la FDA sobre el aumento del riesgo de suicidio asociado al tratamiento con rimonabant, hay que aumentar la vigilancia de los pacientes tratados.