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Destacamos algunos artículos de reciente publicación, cuyos comentarios pueden consultar en la base de datos SIETES:

 

Según un ensayo clínico en 2.161 pacientes con arteriopatía periférica, añadir un anticoagulante oral al tratamiento antiagregante aumenta el riesgo de hemorragia y no es más eficaz que el antiagregante solo para reducir los acontecimientos cardiovasculares (N Engl J Med 2007;357:217-27).

Después de un seguimiento de 3 años, no hubo diferencias significativas en la incidencia de acontecimientos cardiovasculares (infarto de miocardio, ictus, muerte de causa cardiovascular, o isquemia grave) entre los pacientes tratados con la combinación de un anticoagulante oral y un antiagregante y los tratados con el antiagregante solo. Además, la combinación se asoció a un aumento significativo del riesgo de hemorragia grave (4% frente a 1,2% con el antiagregante solo).

En el editorial que acompaña el artículo se plantea que las diferencias en la patogenia de las trombosis venosas y las arteriales podrían explicar en parte los resultados. Por otra parte, los pacientes con arteriopatía periférica tratados con un anticoagulante podrían tener mayor riesgo de hemorragia; aunque no se conocen las causas, podrían influir factores como la edad avanzada, una aterosclerosis más avanzada o un aumento de la fragilidad vascular (N Engl J Med 2007;357:293-96).

En los pacientes con arteriopatía periférica, no se recomienda administrar un anticoagulante oral en combinación con un antiagregante plaquetario para reducir el riesgo de acontecimientos cardiovasculares, si no tienen otras indicaciones de un anticoagulante. El tratamiento con un antiagregante plaquetario se considera de elección (J Watch Med).

 

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Categoría: Eficacia
Según una revisión sistemática reciente, los hipoglucemiantes orales antiguos son por lo menos tan eficaces como los nuevos (Ann Intern Med, 17 de julio).

Se incluyeron datos de más de 200 estudios con antidiabéticos antiguos (metformina y sulfonilureas) y con los más nuevos (glitazonas, inhibidores de la alfa-glucosidasa y meglitinidas). Entre los hallazgos, la mayoría de los hipoglucemiantes tienen un efecto similar sobre la hemoglobina glicosilada, la metformina es el único que reduce las cifras de colesterol LDL y que no aumenta el peso, mientras que las glitazonas aumentan el colesterol HDL pero también aumentan las LDL. En cuanto a los efectos adversos, las sulfonilureas y la repaglinida se asocian a un mayor riesgo de hipoglucemia, la metformina con síntomas gastrointestinales, y las glitazonas con insuficiencia cardíaca.

Los autores concluyen que la metformina y las sulfonilureas ofrecen ventajas sobre los nuevos hipoglucemiantes: menos coste, mayor experiencia de uso y una evaluación más cuidadosa en ensayos a largo plazo. Son necesarios, no obstante, estudios comparativos a largo plazo con un número elevado de pacientes para determinar los efectos comparativos sobre la mortalidad cardiovascular.

 

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Categoría: Toxicidad
Según los resultados de dos estudios observacionales, el uso de antidepresivos ISRS durante el primer trimestre de la gestación puede aumentar el riesgo de algunas malformaciones congénitas, pero el riesgo absoluto es pequeño.

Se evaluó la exposición a los ISRS durante la gestación en más de 19.000 lactantes con malformaciones congénitas mayores y casi 10.000 lactantes sin estas anomalías. En un estudio, el uso materno de ISRS se asoció a un aumento de riesgo de anencefalia, craneosinostosis y onfalocele, aunque los riesgos absolutos eran pequeños (N Engl J Med 2007;356:2684-92). En el otro estudio, no se halló un aumento del riesgo de estos defectos con el uso de ISRS, pero por fármacos específicos, la sertralina se relacionó con un riesgo de onfalocele y defectos septales, y la paroxetina con defectos de obstrucción en el conducto de salida del ventrículo derecho (N Engl J Med 2007;356:2675-83).

En un número anterior revisamos los estudios observacionales que sugerían que el uso de paroxetina durante el primer trimestre de la gestación se asocia a un incremento del riesgo de malformaciones congénitas cardíacas. A la luz de estos datos, se incluyeron advertencias y la FDA modificó la categoría del riesgo teratogénico de la paroxetina del C grupo al D, de más riesgo (Butll Groc 2006;19:15). En el editorial que acompaña a los artículos, se concluye que con toda la información disponible hasta ahora no podemos hacer una separación clara entre riesgo y no riesgo, pero en términos absolutos el riesgo es pequeño (N Engl J Med 2007;356:2732-3).

Como se comenta en otro artículo, la depresión materna supone un riesgo para el desarrollo del feto; las mujeres que suspenden los antidepresivos durante la gestación tienen tres veces más riesgo de recaída que si siguen el tratamiento. No obstante, el uso de ISRS en el primer trimestre se asocia a un riesgo pequeño, pero significativo, para el feto. Por tanto, el uso de psicoterapias de eficacia demostrada para la depresión (como la psicoterapia cognitiva y del comportamiento o la interpersonal) podría solucionar este dilema para algunas pacientes deprimidas, aunque algunas mujeres probablemente necesitarán medicación para tratar la depresión de manera efectiva (J Watch Psychiatry).

 

Categoría: Eficacia
Los resultados de un ensayo clínico reciente sugieren que el consumo de una bebida probiótica que contiene Lactobacillus puede prevenir la diarrea por antibióticos en personas de edad avanzada (BMJ 2007;3 julio).

Se incluyeron 135 pacientes mayores de 50 años hospitalizados y tratados con antibióticos, que fueron aleatorizados a recibir una bebida probiótica con Lactobacillus casei, L bulgaricus y Streptococcus thermophilus (Actimel) dos veces al día durante el tratamiento con antibióticos y una semana después. Los que consumieron la bebida probiótica presentaron una menor incidencia de diarrea por antibióticos (12%) que el grupo que recibió un batido de placebo (34%). No hubo ningún caso de diarrea por C difficile en el grupo de la bebida probiótica y hubo 9 (17%) en el grupo placebo. Los autores concluyen que el uso habitual del probiótico podría reducir la morbididad, los costes sanitarios, y la mortalidad en pacientes mayores de 50 años.