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Categoría: Toxicidad
Los resultados de dos estudios de cohortes recientes, uno en mujeres de edad avanzada y otro en hombres también de edad avanzada, muestran que el uso de antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS), pero no el de otros antidepresivos, se asocia a un incremento de la pérdida de masa ósea.

En una cohorte prospectiva de 2.722 mujres de edad avanzada del estudio de fracturas osteoporóticas, después de casi 5 años de seguimiento la densidad mineral ósea (DMO) global se redujo un 0,82% por año en las usuarias de ISRS, comparado con un 0,47% en las no usuarias y un 0,47% en las usuarias de antidepresivos tricíclicos (Arch Intern Med 2007;167:1240-45). En un análisis de los datos de 5.995 hombres de edad avanzada que habían participado en un estudio de cohortes de fracturas osteoporóticas, la DMO media entre los usuarios de ISRS fue un 3,9% inferior en la cadera y un 5,9% inferior en columna lumbar en comparación con la DMO en los pacientes que no tomaban antidepresivos; este efecto es similar al observado con corticoides (Arch Intern Med 2007;167:1246-51).

En un editorial se comenta que en estudios en animales se ha observado una reducción de la masa ósea cuando se sobreexpresa la serotonina, hecho que aporta plausibilidad biológica. Por otra parte, aunque la DMO no es el único factor predictivo del futuro riesgo de fracturas, el uso de ISRS se debería añadir a la lista de factores de riesgo y hacer una valoración cuidadosa de sus beneficios y riesgos (Arch Intern Med 2007;167:1231-2).

 

Categoría: Toxicidad
Un comité asesor de la FDA ha votado en contra por unanimidad de aprobar el rimonabant en Estados Unidos, porque preocupan los efectos neurológicos y psiquiátricos, y el aumento del riesgo de suicidio (New York Times).

El rimonabant (Acomplia) es un antagonista de los receptores CB1 de los cannabinoides aprobado por la EMEA y comercializado en diversos países como tratamiento adyuvante de la dieta y el ejercicio en pacientes con obesidad o con sobrepeso y algún factor de riesgo (como la diabetes o la dislipemia). Ha sido objeto de una fuerte promoción, incluso antes de su comercialización (Rev Prescrire 2006;26:401;Rev Prescrire 2006;26:404). En Estados Unidos se esperaba la decisión de la FDA (Scrip 2006;3217:15).

En los ensayos clínicos en la obesidad, el tratamiento con rimonabant se ha asociado a reducciones modestas del peso (4 a 5 kg al año), que desaparecen al suspender el tratamiento. No se ha demostrado que reduzca la morbimortalidad. Los efectos adversos más frecuentes son psiquiátricos (ansiedad, depresión), neurológicos (vértigo) y digestivos (náusea, diarrea). No se conoce su toxicidad a largo plazo (Drug Ther Bull 2007;45:41-3; Rev Prescrire 2006;26:405-9). También preocupa que los fármacos que actúan sobre el receptor CB1 puedan tener efectos adversos sobre el desarrollo embrionario (Scrip 2006;3181:19). Un motivo para considerar la dieta y el ejercicio como el tratamiento de elección de la obesidad.

 

Categoría: Toxicidad
Los resultados de un análisis intermedio del ensayo clínico RECORD (Rosiglitazone Evaluated for Cardiac Outcomes and Regulation of Glycaemia in Diabetes) muestran que la rosiglitazona (Avandia) se asocia a un aumento del riesgo de insuficiencia cardíaca y un pequeño aumento no significativo del riesgo de ingreso o muerte por causas cardiovasculares y de infarto de miocardio (NEJM, 5 de junio).

Después de que en un metanálisis el uso de rosiglitazona se asoció a un aumento del riesgo de infarto de miocardio, se analizaron los datos del ensayo clínico en curso, abierto y de no inferioridad, en 4.447 pacientes con diabetes de tipo 2 con una glucemia inadecuada a pesar del tratamiento con metformina o una sulfonilurea. Tras un seguimiento de 3,75 años, el riesgo de ingreso o muerte por causas cardiovasculares fue de 1,11 (IC95% 0,93-1,32) y el riesgo de infarto de miocardio de 1,16 (IC95% 0,75-1,81).

En un editorial se plantea que la publicación de estos datos es un ejemplo de la dificultad que supone determinar si un fármaco es seguro y que no resuelve la incertidumbre sobre la toxicidad cardiovascular de la rosiglitazona.

Según el autor de un editorial, estos resultados no aporten ninguna garantía de que el tratamiento con rosiglitazona sea seguro. Por otra parte, los autores de otro editorial comentan que estos ensayos tienen finalidades comerciales, y se preguntan si vale la pena seguir con un fármaco que no produce efectos beneficiosos muy tangibles, a cambio de riesgos importantes (aumento del riesgo de insuficiencia cardíaca y de fracturas, y un aparente aumento del riesgo de infarto de miocardio). Como se concluye en un artículo reciente, dada la relación beneficio-riesgo desfavorable de las glitazonas en pacientes diabéticos, en la práctica mejor olvidarse de estos fármacos (Rev Prescrire 2007;27:333).