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Categoría: Toxicidad
Los resultados de un metanálisis reciente sugieren que la rosiglitazona puede aumentar el riesgo de infarto de miocardio y la mortalidad cardiovascular en pacientes con diabetes de tipo 2 (NEJM 2007;356). Estos hallazgos se añaden al riesgo reciente descrito de fracturas asociado al uso de glitazonas (noticia anterior).

En el metaanálisis se incluyeron 42 ensayos clínicos comparativos con rosiglitazona, con un total de 15.560 pacientes con diabetes de tipo 2. En los tratados con rosiglitazona se observó un aumento significativo del riesgo de infarto de miocardio, y un aumento de la mortalidad cardiovascular en el límite de la significación estadística. Los autores concluyen que, a pesar de la limitación de no tener acceso a los datos originales, se deberían considerar estos riesgos al seleccionar el fármaco en pacientes con diabetes de tipo 2.

En el editorial que acompaña al metanálisis se pone en duda el proceso regulador y se concluye que, dados los posibles riesgos cardiovasculares y en ausencia de datos de otras ventajas clínicas, no parece razonable prescribir rosiglitazona (NEJM 2007;356). En otro editorial publicado en Lancet, en cambio, se considera que habría que esperar los resultados del ensayo RECORD para evaluar la toxicidad de la rosiglitazona.

 

Categoría: Toxicidad
Los resultados de un estudio observacional con 23.437 pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) sugieren que una mayor exposición a los inhibidores de la proteasa se asocia a un incremento del riesgo de infarto de miocardio (N Engl J Med 2007;356:1727-35). La incidencia de infarto de miocardio aumentó de 1,53 por 1.000 años-persona en los pacientes no expuestos a inhibidores de la proteasa a 6,01 por 1.000 años-persona en los expuestos a inhibidores de la proteasa durante más de 6 años. En cambio, el uso de inhibidores no nucleósidos de la transcriptasa inversa no se asoció a un aumento significativo del riesgo de infarto.

El tratamiento antirretroviral de gran actividad ha mejorado la supervivencia de los pacientes infectados por el VIH, pero hay que valorar cuidadosamente su toxicidad a largo plazo. Se han descrito cuadros de acidosis láctica grave, atribuida a una posible toxicidad mitocondrial de los análogos de los nucleósidos inhibidores de la transcriptasa inversa, así como otros efectos adversos como neuropatía, miopatía y lipodistrofia (Butll Groc 2002;15:5-7). En algunos estudios se había observado que el tratamiento antirretroviral combinado se asocia a un aumento del riesgo de infarto de miocardio y de arteriosclerosis prematura, pero no se sabe si este riesgo depende del grupo de fármacos administrados. La dislipemia es una complicación frecuente del tratamiento antirretroviral, sobre todo con inhibidores de la proteasa (Butll Groc 2001;14:17-9).

En el editorial que acompaña el artículo, tras revisar los estudios que han aportado datos sobre la compleja interacción entre el tratamiento antirretroviral, la infección por el VIH y el riesgo cardiovascular, se concluye que a corto plazo el riesgo cardiovascular disminuye. Sin embargo, a largo plazo persisten las dudas y, dado que el riesgo cardiovascular puede aumentar con el tiempo, parece prudente tratar los factores de riesgo modificables (N Engl J Med 2007;356:1878-80).